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Viernes, 29 Junio 2018 09:06

Rastrillando…… “utsha”, que chacoteo…

Por Mario Munguía Murillo…… Las últimas semanas que hemos vivido, hemos escuchado frases y decires, que algunas, quedaran para el anecdotario e inclusión al diccionario sonorense.

Les cuento. Cuando yo era un buqui, en el florido lenguaje del barrio,  las doñitas nos decían por ejemplo, el día de San Juan –cuando llovía-: “buqui, te vas a ensoquetar, sal del charco”; y si no hacíamos caso, le gritaba al papá que salía enshinga, con el chicote en la mano y nos pegaban unos reatazos pa’que entendiéramos que la palabra de ella, la doña, era ley y, Ah! Lepes (así nos decían también) corríamos enjundiosos a escondernos todos chorreando soquete.

Cuando llegábamos a la casa, la mamá nos daba una tunda de cintarazos o ya mínimo, unos chanclazos en el lomo, y nos jalaba de la greña pa’l corral donde estaba la pila y a jicarazos nos bañaba para quitarnos el soquete.

Después de sufrir el castigo bien merecido, -no existían los derechos de los niños-, nos sentaban en la mesa de la cocina y nos servían un plato con frijoles de la olla, un virote tronadorcito o virginia, porque aquello de la chiroteada daba mucha hambre y la mamá, con su gran amor lo sabía.

Las niñas, pocas eran las que se atrevían a chirotear con los varoncitos; ellas, eran la pulcra virtud del señor, decían las beatas. Ellas, aprendían a remendar calzoncillos y calcetines, a limpiar frijol, a barrer y mapear, entre muchas cosas que solo las mujercitas debían hacer; para remendar los calcetines, utilizaban un foco, el cual introducían a la prenda.

Recién había pasado la segunda guerra mundial, y la de Corea, en los Ángeles California, los pochos buscaban su propia identidad y, surgen los chicanos, y con ellos, un lenguaje propio, mismo que llegó a las fronteras de México; incluido un género musical el  zoot suit.

Los morros, imitaron parte de ese estilo y, el calo de allá, empezó a permear entre ellos aquí; mapear, jaina, tira, chuco, pachuco, huáchame, ranfla, tramos y otras palabras en “spanglish”. Peregrinos de Aztlán (novela 1974), de Miguel Méndez nos da una visión amplia de este fenómeno social.

En los años ‘60s, del siglo pasado, en Hermosillo se vieron cambios drásticos, como que los jóvenes empezaron a hacer uso de su “libertad”, desde su forma de vestir, hasta el lenguaje utilizado, y la diferencia entre la clase popular y los popof era muy marcada; los primeros, en los centros de baile Casino Cuauhtémoc –Cua-Cua-, el Flamingos, la Cancha 4, el Dos XX; los popis en el Casino la Muralla –casino de puros socios de la aristocracia hermosillense-.

Era un desfile de “modas”, las mujeres del populo, presumían sus mejores galas que compraban “enque” La Cosalteca, mientras las de la Pitic (sinónimo de rico) las adquiridas en Bracker’s de Nogales, Arizona,  o las de “enque Mazón”.

Los barones, igual, pero como todos los hermosillenses tenemos parientes en los Ángeles, siempre contábamos con alguna camisa que nos regalaba el primo. Los livais, eran de cajón, se limpiaban con petróleo morado pa’que no perdieran el color oscuro, calceta blanca o roja, zapatos bostonianos o mocasines de la Canadá, el copete peinado con “wildro” y, algunos, ya meneaban su melena a ritmo de los Shippis, y los otros grupos roqueros del momento. Mientras, Manuelito García y su orquesta  tocaba en la Muralla.

Al término del baile, ricos y pobres, terminaban en La Luna, la taquería que estaba por la calle Veracruz, o en el mercado municipal comiendo menudo de doña Elvira o la mamá del Pelón Villa; los afortunados, en el Janitzio o alguna casa de asistencia por el centro. A los pelioneros, en barandilla primero y, luego, barriendo la calle Matamoros y la Juárez.

Así transcurrían los fines de semana en la capital de Sonora.

Ahora que ya han pasado estos días aciagos, entre “opinologos”, “comentologos”, chanclas, chairos y demás, los sonorenses tomaremos un pequeño relax pensando en el final feliz para unos y, otros preguntándose ¿Qué pasó?

Eso sí, todo apegado a la Ley.

II

Los que no están apegados a la ley, son los concesionarios del transporte, pues aún no terminan las clases en algunas escuelas y los alumnos sufren el desprecio de los choferes del transporte cobrándoles “el viaje”, porque la credencial ya no es válida.

Pero mejor a’i se las dejo…descansen, reflexionen, acumulen sus líquidos ambarinos porque habrá ley seca…¡¡¡SARAVAH!!!

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@mariomunguia8