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Lunes, 19 Septiembre 2022 07:07

El Zancudo ......... Durazo presidente… del Consejo Nacional de Morena .........

Por: Arturo Soto Munguia ........... La nota del fin de semana salió sin duda del Congreso Nacional de Morena donde se renovaron algunos cuadros dirigentes y se reformaron los estatutos, pero en Sonora el impacto más relevante fue el nombramiento -unánime y por aclamación- del gobernador Alfonso Durazo como presidente del Consejo Político Nacional de ese partido.

 

Hay desde luego, fiesta en el morenismo sonorense que celebra los altos vuelos de un paisano en la política nacional, aunque esa algarabía tuvo su correlato en el escepticismo con que otros tomaron ese nombramiento y algunos más, evidentemente fuera de la lista de invitados a la fiesta que es, que siempre ha sido el ejercicio del poder se preguntaban insistentemente y no sin un dejo de añoranza por aquellos tiempos en que ellos confeccionaban esa lista: ¿en qué beneficia eso al estado? ¿Se van a tapar más baches? ¿Se va a generar más empleo? ¿Se abatirá la inseguridad pública?

Tales cuestionamientos, no carentes de sentido, adolecen sin embargo de un supino desconocimiento de la delgada línea que en México separa (o une) el ejercicio del poder político y el quehacer gubernamental, o de unas deliberadas ganas de hacerla de pedo.

En principio, el Consejo Nacional de Morena (y el de cualquier otro partido) no es una ventanilla de gestión para ir a conseguir asfalto, créditos blandos, promoción turística o patrullas, por decir algo. Sus tareas tienen que ver más con asuntos estrictamente político-partidistas: documentos básicos, línea política, tesis programáticas y obviamente, competencia electoral por citar algunos.

Ciertamente el Consejo no define candidaturas pero sus dirigentes suelen ser buscados por las y los aspirantes como cabilderos de las mismas ante las instancias que finalmente deciden, y que no son las encuestas, sino ya sabes quién. En no pocas ocasiones, además, pertenecer al Consejo Nacional abulta el currículum para aspirantes a cargos de elección, pero ese es otro tema.

El cargo honorario que le fue conferido a Alfonso Durazo es pues, eminentemente político. Para los temas de gestión y gobernanza ya trae puesta la cachucha de gobernador y con ella ha ido y venido para concretar los proyectos de los que dio cuenta en su primer informe: planta fotovoltaica, modernización de puertos y aduanas, carretera Guaymas-Chihuahua, planes de justicia para las etnias sonorenses, el proyecto para sacar las vías del tren del casco urbano de Nogales, entre otros.

Si es poco o mucho, cada quien tendrá su evaluación al respecto y lo cierto es que a un año de su gobierno es temprano para evaluarlo, especialmente en lo relativo a grandes proyectos que no culminan de un día para otro.

Quienes genuina o maliciosamente se preguntan para qué sirve el nuevo cargo del gobernador parecen olvidar la importancia que en el sistema político mexicano entraña la cercanía con la persona que ayer y hoy (diríase que hoy más que nunca) encarna el poder presidencial.

Este punto es importante, porque en los cuatro años que lleva gobernando, Andrés Manuel ha modificado radicalmente los esquemas y modelos de gestión de recursos para estados y municipios. Roto el viejo sistema de cabildeos y moches en el Poder Legislativo para ‘bajar’ dinero del presupuesto federal, tendrían que explorarse otras vías, y esas vías bien podrían ser, precisamente, las relacionadas con la verdadera cercanía al presidente.

En su más reciente columna a propósito de este tema, el presidente de la Fundación Colosio del PRI, Bulmaro Pacheco escribe: “Alfonso Durazo junto con Abelardo Rodríguez, Rodolfo Félix Valdés y Carlos Armando Biébrich forma parte del selecto grupo de gobernadores de Sonora con verdadera amistad y cercanía con el presidente en turno. El que más la aprovechó -hasta ahora- para jalar apoyos y obras fue el ingeniero Félix Valdés”.

El “hasta ahora” aparece como un reto, ciertamente y faltan dos años para ir viendo cómo se desarrolla esa relación de Durazo con AMLO y tres más para ver cómo será la que el gobernador de Sonora tenga con quien resulte elect@ en 2024 como president@.

Pero lo que es un hecho es que Alfonso Durazo ocupa hoy la presidencia del máximo órgano deliberativo del partido que gobierna el país y la mayoría de los estados, y a ese cargo no se llega sin estar en el ánimo del presidente. Con el agregado de que Durazo llegó a propuesta y consenso de todos los gobernadores morenistas, y fue electo por unanimidad en el Tercer Congreso Nacional. O sea y para acabar pronto, no hay en estos momentos un sonorense más encumbrado políticamente que Alfonso Durazo y algo bueno tiene que salir de eso. ¿O no?

II

Quién sabe, pero si usted está esperando que después de esto le tapen un bache o le arreglen la muela que se le quebró junto con el amortiguador de su carro al caer en una de las calles que le han salido a los cráteres; si atrapado en un fuego cruzado duda entre permanecer de pie y morir con la frente en alto, o agacharse y dejar desprotegida la retaguardia con el temor (o la esperanza, según sea el caso) de que le llegue un violador y lo mate pero lo deje vivo, pues ya será cuestión de esperar.

Si está esperando que la tortuga del salario le gane la carrera a la liebre de los precios, pues también.

El reacomodo de la ‘nomenklatura’ en el partido gobernante quizás no le sirva de mucho ahorita, pero en cuanto se consiga el propósito de ‘planchar’ la sucesión presidencial y consolidar el proyecto de nación, entonces sí será puro agarrar changos de la cola.

Por lo pronto tenga paciencia.

El Congreso Nacional de Morena ratificó en la dirigencia nacional de Mario Delgado y Citlalli Hernández hasta 2024 y con ello se ensancha el camino de Claudia Sheinbaum rumbo a la candidatura presidencial. A Marcelo lo mandaron a Inglaterra porque no pudieron mandarlo a alguna misión espacial a Júpiter o Saturno, y a Monreal lo mandaron más lejos, pero ese destino no se puede escribir aquí porque hay menores leyendo. Por esa misma ruta también mandaron a John Ackerman, que volvió a sentir el rigor de la aplanadora.

Cualquier parecido con alguna asamblea nacional del PRI de los 80, es mera condolencia.

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