Proceso de Admisión a la Unison 2020
Martes, 28 Abril 2020 10:31

El Zancudo, no mata, pero hace roncha……. Proceso: un pasquín calderonista; la Alarma de este siglo……

Por Arturo Soto Munguía…… El azoro no cabe en unas cuantas líneas. La historia de la revista Proceso tampoco.

 

Si una publicación en México ha sido referencia obligada y prensa comprometida con la democratización del país, con la denuncia sin concesiones; con el periodismo crítico y sin concesiones, esa es Proceso.

Fue, lo sigue siendo en un alarde de congruencia, la tribuna donde el poder político encuentra su némesis. Todos los presidentes, desde 1976 cuando apareció su primer número lo saben (o lo supieron), desde Luis Echeverría hasta López Obrador.

Y todos, hicieron hasta lo imposible por descarrilar ese proyecto editorial que nació del golpe de Estado a Excélsior, una historia que se puede consultar en Los periodistas, la novela de Vicente Leñero que sin duda recoge puntualmente la historia de aquellos días.

Y de aquellos días a la fecha hay otra historia, la de persecución, chantajes financieros, amenazas, represión, intentos de censura, lanzadas sorprendentes como la de confiscar todos los ejemplares enviados para su venta a algún estado del país, donde su gobernador fuera exhibido en actos ilegales, casi siempre relacionados con la corrupción.

Si alguna publicación en México se identifica con las causas de la izquierda a partir de un periodismo puntilloso y casi siempre bien documentado, es Proceso. Si alguna publicación acompaño a López Obrador en el escarpado camino rumbo a la presidencia de la República, fue Proceso.

No es esto un intento por deificar la revista y a quienes han escrito sus páginas, comenzando por su fundador, Julio Sherer García, mucho menos en estos tiempos de disputa por el título de Lord Molécula. Es sólo un reconocimiento ahora que ya no son más que la Alarma, de acuerdo con el dicho de López Obrador.

Los millenials, desde luego, no sabrán que es una Alarma. Tampoco alcanzan aquí las líneas para recrear la historia del amarillismo más descarnado, en una publicación que vendía semanalmente unos diez millones de ejemplares en el país. Si algún referente hay sobre la viralización antes de las redes sociales, era esta publicación, que no se podía hojear sin quedar salpicado de sangre, dicho sea con cierta hipérbole, pero no tanta.

Si Javier Alatorre y Salinas Pliego son sus amigos y beneficiarios de sus indulgencias, para López Obrador Proceso es la Alarma.

Si Julio Sherer viviera se volvería a morir, dijo, de ver en lo que se ha convertido ese semanario, practicante de un periodismo sin escrúpulos morales, sin ética.

Epigmenio Ibarra, uno de los principales propagandistas del obradorismo fue más allá y lo calificó de ‘pasquín calderonista’.

Todo por una portada en la que aparece la imagen de un horno crematorio en el que personal sanitario está introduciendo un cuerpo que, se infiere, fue víctima del Covid 19.

Claro, no fueron lejos por las respuestas. Rafael Rodríguez Castañeda, ex director de Proceso tuiteó la foto de esa portada con el siguiente texto: “Este es Proceso. Fiel a su historia desde 1976. No hacemos concesiones”.

Y luego escribió otro tuit: “Lo que realmente molestó a AMLO de la portada, es el cintillo: ‘Grupo Salinas: indolencias del amigo del presidente’. ¿También será de Alarma?”

Luego respondió Santiago Igartúa Sherer, editor en jefe del semanario: “Si Don Julio pudiera verlo, de lo que estaría profundamente decepcionado es de su autoritarismo  y su sistemático ataque a la libertad de prensa, por la que peleó toda su vida”.

Luego María Sherer, hija del fundador de la revista: “Detesto el lugar común, pero en los términos del presidente: mi papá se hubiera muerto al saber del nombramiento de Bartlett, solo por poner un ejemplo”.

Cito en extenso todo este episodio, porque es el mejor indicador, creo, de que el presidente, en medio de la tormenta perfecta de las secuelas políticas, económicas, sociales y globales de la pandemia está quemando las naves, incluso las de sus aliados. Y quedándose más solo cada vez, arrullado acaso en los cánticos de sus incondicionales y su clientela subsididada.

Esa no es una buena señal. Lo que sigue, puede ser el endurecimiento del estilo personal, la ruptura definitiva con todos los que no le quemen incienso, el atrincheramiento en su cuarto de guerra y el aprovechamiento de la legitimidad que aún tiene, pero sobre todo, del control de las cámaras para cumplir su sueño de pasar como otro prócer de la historia frente al cual palidecerán Juárez, Madero, Morelos, Hidalgo, los Flores Magón…

Y en esa empresa, creo, va por todas las canicas.

II

Desde el 15 de abril, cuando el presidente de la República anunció en la mañanera de ese día un programa de 25 mil millones de pesos para invertir en la infraestructura urbana de 50 ciudades, entre las que se encuentra Hermosillo, la alcaldesa Célida López envió un oficio al titular de Sedatu, solicitando información sobre los tiempos y los criterios para asignar esos recursos.

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Y es que el monto no es menor. Se trata de 500 millones de pesos que le corresponderían a la capital de Sonora, y que le vendrían como anillo al dedo para atender las urgencias en materia de pavimentación, bacheo, recarpeteo y reparación de vialidades.

En dicho oficio, la alcaldesa solicita que ese monto sea destinado exclusivamente a resolver lo que considera “una grave crisis de infraestructura urbana”.

Están por cumplirse dos semanas del anuncio presidencial y del envío de esa misiva, pero hasta hoy no se conoce respuesta. Esperemos que en los próximos días la alcaldesa dé a conocer el resultado de su solicitud, pues a pesar de la crisis financiera por la que atraviesa el Ayuntamiento, producto del desplome en la recaudación de ingresos propios, derivado a su vez de la pandemia del coronavirus, se ha continuado con algunas obras importantes.

Sin embargo, la ciudad requiere de una cirugía mayor, que sólo puede hacerse con dinero.

III

El sindicalismo en tiempos de coronavirus está dejando mucho que desear. Ayer relatábamos el paro de una maquiladora en Nogales, donde el personal se negó a reanudar labores después de que la empresa sanitizó las instalaciones, pero hicieron un mitin en el que se concentraron por varias horas sin las más mínimas medidas de protección ni prevención.

Ayer por la madrugada la policía desalojó pacíficamente un plantón que mantenían los operadores del servicio del transporte urbano en Hermosillo, deteniendo a uno de sus líderes. El movimiento había semiparalizado por cinco días el servicio provocando aglomeraciones en las paradas y problemas en la movilidad de miles de hermosillenses que están obligados a su movilidad por cuestiones laborales, fundamentalmente.

Por la falta de unidades en circulación, durante estos días los camiones que se mantenían en ruta eran abordados por una cantidad de usuarios que rebasaba la recomendación de sana distancia, poniendo en riesgo sus salud y eventualmente, hasta sus vidas.

En estos momentos, cuando ha comenzado el pico de la pandemia y cuando todos estamos obligados a permanecer en casa o al menos extremar precauciones a la hora de salir a realizar actividades esenciales, provocar situaciones de riesgo es poco menos que irresponsable.

Tras el desalojo en las instalaciones del centro de pernocta, el servicio se restableció al cien por ciento.

Para nadie es un secreto que las relaciones entre la CTM (promotora del paro y el bloqueo) y el gobierno del estado no se encuentran en su mejor momento, pero dirimir sus conflictos afectando la movilidad esencial de miles de hermosillenses no parece ser la mejor ruta.

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